Índice del artículo

Dichos de santos monjes

91. Es necesario examinar cuidadosamente los caminos (cf. Jer 6, 16) de lo monjes que en los primeros tiempos han transitado por las sendas del bien, perseguir nosotros también sus pasos. Podemos encontrar muchos dichos y hechos excelentes dejados en herencia por los santos Padres. Entre otros se encuentra este que ha pronunciado uno de ellos: "Un régimen frugal y regular unido a la caridad conduce al monje rápidamente al puerto del dominio de sí”. Este mismo monje libró a un hermano de las visiones que lo atormentaban por la noche, ordenándole unir al ayuno el servicio de los enfermos. “Porque no hay nada- decía él, como la misericordia para extinguir las aflicciones de este tipo”.

92. Uno de los sabios de aquel tiempo fue a ver al justo Antonio y le preguntó: “¿Cómo puedes vivir joh padre! privado del consuelo de los libros ?. Antonio respondió: “Mi libro ¡oh filósofo! es la naturaleza, siempre a mi alcance cuando quiero leer las palabras de Dios”. La ignorancia que se opone a la contemplación de los seres creados tiene término,-pero por el contrario la contemplación de Dios es ilimitada y, en consecuencia, a ella se opone la ignorancia sin límites (SC 171, p. 678).

93. El “vaso de elección” (Hech 9, 15) que era el anciano egipcio Macario me preguntó: "¿Por qué al recordar las injurias de los hombres contra nosotros destruimos la facultad de recordar la propia de nuestra alma, mientras que al recordar esas injurias de parte de los demonios permanecemos indemnes?". Como me encontraba en apuros para responderle preferí preguntarle cuál era la razón: “Es, dijo, porque en el primer caso se obra contra la naturaleza de la parte irascible, mientras que en el segundo se actúa en conformidad con su naturaleza”.

94. Fui a visitar, en pleno mediodía, al santo Padre Macario y, consumido por la sed, le pedí un poco de agua para beber. "Confórmate con la sombra, me dijo él, porque hay muchos que en este mismo momento hacen un viaje por tierra o por mar y no tienen ni eso". Después como yo discurría con él sobre la temperancia me dijo: “Coraje, hijo mío; durante veinte años enteros no he tomado a mi gusto ni pan, ni agua, ni sueño. Pesaba el pan que comía, medía el agua que bebía y dormitaba un poco apoyándome contra una pared".

95. Se le comunicó a un monje la muerte de su padre; se dio vuelta para mirar al que le había traído la noticia y le dijo: “Cesa ya de blasfemar, mi Padre es inmortal”. Un hermano le preguntó a uno de los ancianos si le estaba permitido comer con su madre y sus hermanas cuando las fuera a visitar. El anciano le respondió: "No comerás con una mujer”.

97. Un hermano poseía solamente su evangelio. Lo vendió y entregó su precio para alimentar a los hambrientos pronunciando esta sentencia memorable: "He vendido el mismo libro que me ordenaba: “Vende lo que posees y dalo a los pobres" (Mt 19, 21).

99. Otro de los monjes ha dicho: “Para cercenar los placeres tengo esta razón: quitarle todo pretexto de crecimiento a la parte irascible. Sé, en efecto, que ésta siempre combate para alcanzar los placeres, turba mi inteligencia y me conduce lejos del conocimiento contemplativo". Uno de los ancianos decía que la caridad no sabe almacenar reservas de alimentos ni de dinero. El mismo también afirmaba: "No tengo conciencia de haber sido engañado por los demonios dos veces en la misma materia”.

100. No es posible amar igualmente a todos los hermanos, pero es posible obrar sin pasión en nuestras relaciones con todos, esto es: actuar exentos de resentimientos y odio. A los sacerdotes es necesario amarlos por el Señor, porque ellos nos purifican por medio de los santos misterios y rezan por nosotros. En cuanto a los ancianos, hay que honrarlos como a los ángeles. Son ellos, en efecto, quienes nos ungen para los combates y nos curan las heridas que nos causan los animales salvajes.

0
0
0
s2smodern