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Epílogo

Por el momento, querido hermano Anatolio, esto es todo lo que tenía que decirte sobre la vida ascética. Es todo lo que, en virtud de la gracia del Espíritu Santo, hemos podido recoger entre las cepas de nuestros racimos que van madurando (cf. ls 5, 1-6). Pero cuando brille el “Sol de Justicia” (Mal 3, 20) sobre nosotros, en su cenit, y los racimos estén maduros, entonces beberemos el vino que "alegra el corazón del hombre” (Ps 103, 15). Y ello será posible gracias a las oraciones e intercesiones del justo Gregorio que me ha plantado, y de los santos Padres que me han regado, por el poder de Cristo Jesús nuestro Señor que me ha dado el crecimiento (cf. 1 Cor 3, 6-7), a quien sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

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