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Sobre el estado próximo al dominio de si

57. Hay dos estados apacibles del alma: uno proviene de las energías naturales, el otro es el fruto de la retirada de los demonios. El primero está acompañado por la humildad, la compunción, las lágrimas, un deseo del infinito Dios y un celo sin medida por el trabajo. En el segundo, la vanagloria acompañada por el orgullo aprovecha la desaparición de los otros demonios para arrastrar al monje a la perdición. Sin embargo, quien observe las características del primer estado reconocerá rápidamente las incursiones de los demonios.

58. El demonio de la vanagloria se opone al demonio de la fornicación, y no es posible que los dos asalten el alma al mismo tiempo, porque uno promete honores y el otro es agente del deshonor. Por eso, si alguno de los dos se te aproxima y te aprisiona, suscita en tu interior los pensamientos del demonio contrario. Entonces serás capaz de sacar -como se suele decir- un clavo con otro clavo y podrás darte cuenta de las fronteras del dominio de sí. Porque tu voluntad tiene el poder de destruir por medio de pensamientos humanos los pensamientos del demonio. Pero resistr con humildad al pensamiento de la vanagloria y con continencia al pensamiento de la fornicación es signo de un muy profundo dominio de sí. Trata de aplicar el primer método a todos los demonios que se oponen entre sí. Al mismo tiempo, aprende a conocer hacia qué pasión estás más inclinado. Mientras te sea posible intenta conseguir de Dios el don de alejar los pensamientos de la segunda forma.

59. Cuanto más progresa el alma, más fuertes son los adversarios que le hacen la guerra. Porque yo no creo que sean siempre los mismos demonios los que se mantengan cerca de ella. Esto lo saben mejor que nadie quienes sufren las tentaciones más crueles y experimentan que el dominio de sí que poseen es el fruto alcanzado en el fragor de batallas sucesivas contra los demonios.

60. El dominio de sí perfecto se revela en el alma después de la victoria alcanzada sobre todos los demonios que se oponen a la vida ascética, Pero hay un dominio de sí imperfecto que está en relación con la fuerza del demonio que aún lucha contra el alma.

61. El espíritu no podrá avanzar ni realizar la feliz travesía que lo conduce a la región de los seres incorporeos si antes no se ha purificado. Esto sucede porque la ansiedad causada en su interior lo obliga a retornar hacia las mismas cosas que había dejado atrás.

62. Las virtudes al igual que los vicios ciegan la inteligencia. Las primeras porque le impiden ver los vicios, los segundos porque le impiden ver las virtudes. Ha de entenderse en su sentido más fuerte, es decir: aquel que accede al conocimiento que poseen los ángeles pasar de la condición humana a la angélica (SC 171, p. 632633). "Llegar a la región de los seres incorpóreos”, equivale a decir "a la contemplación espiritual” (SC 171, p. 642). Cuando la inteligencia está sometida a los vicios no ve las virtudes y cuando ha alcanzado las virtudes está progresando en el dominio de sí, no ve los vicios y deviene insensible a todo lo que proviene del terreno de las pasiones (SC 171, p. 644).

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