Índice del artículo

2ª parte: consolación y desolación el lenguaje del discernimiento

Definiciones:

[316] 3.ª regla. La tercera es de consolación espiritual: llamo consolación cuando en el alma se produce alguna moción interior, con la cual viene el alma a inflamarse en amor a su Criador y Señor, y como consecuencia ninguna cosa criada sobre la faz de la tierra puede amar en sí, sino en el Criador de todas ellas. También es consolación cuando derrama lágrimas que mueven a amar a su Señor, sea por el dolor de sus pecados, o por la Pasión de Cristo nuestro Señor, o por otras cosas ordenadas derechamente a su servicio y alabanza. Finalmente, llamo consolación todo aumento de esperanza, fe y caridad y toda alegría interna que llama y atrae a las cosas celestiales y a la propia salud de su alma, aquietándola y pacificándola en su Criador y Señor.

Hay que destacar que la consolación es una gracia de Dios, por lo tanto, un don de lo alto. Se distingue de la emoción, que es una respuesta a un estímulo, por ejemplo, una emoción estética, o un impresionarse vivamente por una descripción de la pasión de Cristo o por su misericordia. Pongamos un ejemplo: en una adoración al santísimo, cuidada, litúrgicamente hermosa, con una buena música, por ejemplo, al escuchar el Ave María de Schubert, se experimenta una alegría, una emoción. Ésta no es necesariamente una consolación espiritual, puede ser simplemente una emoción. Quizá vaya unida a una moción del Espíritu, pero, este discernimiento es delicado. San Ignacio lo tratará más en detalle en las reglas de la segunda semana de los ejercicios espirituales. Aquí bástenos decir que hay dos niveles: el de lo emotivo y el más profundo en el que actúa el Espíritu Santo. Esta distinción, y el análisis que se harán en la segunda semana del mes e ejercicios es importante para evitar a veces tomar decisiones equivocadas basados solo en emociones, y no en mociones del Espíritu Santo.

[317] 4.ª regla. La cuarta, de desolación espiritual. Llamo desolación todo lo contrario de la tercera regla; así como oscuridad del alma, turbación en ella, inclinación por las cosas bajas y terrenas, inquietud de varias agitaciones y tentaciones, moviendo a desconfianza, sin esperanza, sin amor, hallándose el alma toda perezosa, tibia, triste y como separada de su Criador y Señor. Porque así como la consolación es contraria a la desolación, de la misma manera los pensamientos que salen de la consolación son contrarios a los pensamientos que salen de la desolación.

Sorprende en la definición de desolación su parecido con el estado de acedia descrito en los escritos de los Santos padres de la Iglesia. Más adelante en las reglas, san Ignacio hablará de las causas por las que se da la desolación, y nos servirá para distinguir dos tipos de desolación: una que prácticamente coincide con la acedia de los padres del desierto, y otra que se puede deber a una prueba espiritual. La primera desolación consiste en una especie de apatía, desgana, tristeza crónica, falta de caridad. Para entender esta primera desolación, en nuestros días hay numerosas publicaciones que tratan de ella, siendo dos de ellas especialmente recomendables: La civilización de la acedia del p. Horacio Bojorge y El demonio del mediodía.

La experiencia de la desolación es la de sentir una falta de caridad, de amor a Dios. El alma que está hecha para el amor a Dios, al no vivirlo, se encuentra en un estado de tristeza interior, que se debe a que nada le satisface. Es un reflejo de la conocida frase de san Agustín en las Confesiones: "nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti".

0
0
0
s2smodern