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Qué hacer en desolación

[318] 5.ª regla. La quinta: en tiempo de desolación nunca hacer cambio, sino estar firme y constante en los propósitos y determinación en que estaba el día anterior a esa desolación, o en la determinación en que estaba en la anterior consolación porque así como en la consolación nos guía y aconseja más el buen espíritu, así en la desolación el malo, con cuyos consejos no podemos tomar camino para acertar.

[319] 6.ª regla. La sexta: dado por supuesto que en la desolación no debemos cambiar los primero propósitos, aprovecha mucho reaccionar intensamente contra la misma desolación, como por ejemplo insistir más en la oración y meditación, en examinarse mucho, y en alargarnos en algún modo conveniente de hacer penitencia.

[320] 7.ª regla. La séptima: el que está en desolación, considere cómo el Señor le ha dejado en prueba con sus facultades naturales, para que resista a las varias agitaciones y tentaciones del enemigo; pues puede con el auxilio divino, el cual siempre le queda, aunque no lo sienta claramente, porque el Señor le ha quitado mucho fervor, crecido amor y gracia intensa, quedándole, sin embargo, gracia suficiente para la salvación.

[321] 8.º regla. La octava: el que está en desolación, trabaje por mantenerse en paciencia, que es contraria a las molestias que le vienen, y piense que será pronto consolado, con tal de que ponga las diligencias contra esa desolación, como está dicho en la sexta regla.

Este grupo de reglas dan pautas para salir de la desolación o acedia. Las dos primeras van de menos a más, empezando por no escuchar al demonio de la acedia ("no hacer mudanza (cambio)") y mudarse (reaccionar) intensamente contra él, esto es, insistir más en la oración, y prácticas similares. Estos estados pueden darse también en comunidades religiosas y grupos apostólicos. Un ejemplo de no escuchar a los pensamientos destructivos en grupos sería no estar todo el día dándose vueltas si mismos y lo mal que estamos.... Y el mudarse contra la desolación, en grupos, supondría proponer actividades ilusionantes y llevarlas a cabo. Esto moviliza el alma contra la acedia.

Las razones de obrar así están en que lo que quiere este mal espíritu es sacar al hombre de su vida espiritual. En los monjes se manifestaba este pensamiento como un deseo de salir del monasterio e irse a otro, donde la comunidad está mejor. Y como es un pecado contra la caridad, esto es, la desolación va directamente contra el amor de Dios, el mudarse contra la desolación es un modo de vivir la caridad.

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