El 20 de Enero de 2014 el Papa habló del discernimiento en sus homilías de santa Marta. Comentó el Evangelio del que se entresaca el versículo que se pone a continuación. Y comentándolo hizo una afirmación muy  interesante, que es que quién se niega a cambiar las cosas, en parte por no estar abierto al discernimiento, comete un pecado de adivinación. Mi comentario es el siguiente: la adivinación es recurrir a supersticiones para conocer el futuro; por tanto, quien dice saber el futuro por la aplicación de una ley rígida, comete este pecado. Pero contra este tipo de adivinación viene el verdadero discernimiento que es buscar la voluntad del Señor. A continuación los fragmentos de la homilía del Papa.

Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto, lo nuevo de lo viejo, y deja un roto peor.  Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres, y se pierden el vino y los odres; ¡a vino nuevo, odres nuevos!.

¿Qué significa esto?  ¿Que cambia la ley?  ¡No!  Que la ley está al servicio del hombre, que está al servicio de Dios y por esto el hombre debe tener el corazón abierto.  El ‘siempre ha sido hecho así’ es de un corazón cerrado y Jesús nos ha dicho: ‘Les enviaré al Espíritu Santo y Él los conducirá a la verdad plena’. Si tú tienes el corazón cerrado a las novedades del Espíritu, ¡jamás llegarás a la verdad plena!  Y tu vida cristiana será una vida a medias, una vida emparchada, remendada con cosas nuevas, pero sobre una estructura que no está abierta a la voz del Señor.  Un corazón cerrado, porque no eres capaz de cambiar los odres.

Los cristianos obstinados en el ‘siempre se ha hecho así’, ‘éste es el camino’, ‘ésta es la senda’, pecan: pecan de adivinación.  Es como si fueran a ver a una adivina: ‘Es más importante lo que se ha dicho y que no cambia; lo que siento yo —por mi parte y de mi corazón cerrado— que la Palabra del Señor’.  También es un pecado de idolatría la obstinación: el cristiano que se obstina, ¡peca! Peca de idolatría.  ‘¿Y cuál es el camino, Padre?’: abrir el corazón al Espíritu Santo, discernir cuál es la voluntad de Dios.

Este es el mensaje que hoy nos da la Iglesia.  Esto es lo que Jesús dice con tanta fuerza: ‘Vino nuevo en odres nuevos’.  A las novedades del Espíritu, a las sorpresas de Dios, incluso las costumbres deben renovarse.  Que el Señor nos dé la gracia de un corazón abierto, de un corazón abierto a la voz del Espíritu, que sepa discernir lo que ya no debe cambiar, porque es un cimiento, de lo que debe cambiar para poder recibir la novedad del Espíritu Santo.

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